Nereida Romero & Killari Rodríguez

La Casa del Mar es un proyecto vivo, dinámico y en constante crecimiento. Este proyecto nace en 2016 gracias a las inquietudes y la ilusión de Killari y Nereida, dos mujeres comprometidas y con la certeza de que para construir una sociedad más humana y consciente tiene que haber un cambio en la mirada
educativa, y en cómo nos relacionamos con las niñas y los niños.

Este proyecto comienza con la experimentación y la búsqueda de un espacio que cuide y respete los ritmos y las necesidades de cada niña y niño de forma individual y única. Nutriéndonos y creciendo todas las personas implicadas en él. Esta asociación se hace posible gracias al apoyo y unión de familias conscientes e implicadas en una crianza respetuosa. Una educación basada en el amor, el respeto y la libertad nos dará las bases de una sociedad más humana, justa y libre.

``Estimular la vida, dejándola libre de desenvolverse; he aquí la misión del educador``

María Montessori

Las educadoras como acompañantes

La presencia educativa es consciente y la observación es el pilar de nuestro acompañamiento. Observamos lo que sucede con la menor intervención posible, dejando que los niños y niñas sean quienes son y actúen desde sí mismos.

Las educadoras también nos observamos a nosotras mismas, ya que nuestro acompañamiento es un trabajo de renovación y revisión constante.

Es necesario cultivar la autorregulación en la relación de la persona adulta con la niña y el niño y evidenciar la afectividad. Evânia Reichert explica que “la afectividad libera neurotransmisores que estimulan las conexiones neuronales, las cuales son fundamentales en el desarrollo inicial del cerebro y en la maduración de la estructura infantil”. El cariño es esencial para el desarrollo de la primera infancia, que repercutirá en la edad adulta. Un cariño que respete a la niña y el niño y no se convierta en una proyección de expectativas de las personas educadoras que les rodean.

Por ello es tan importante la escucha, la observación y la autorregulación en la relación. Esta escucha y cariño se aprende de las niñas y de los niños, ya lo tienen en su interior y lo ofrecen sin restricciones. Las acompañantes, observamos y aprendemos el lenguaje del verdadero amor y libertad.